Monday, 2 March 2015

Los coches I - sacarse el carnet, esa gran putada


Todo empezó en Septiembre, en el que yo muy feliz decidí entrar en el mundo adulto y sacarme el carnet de conducir. ¿Dónde apuntarme? pues muy fácil, a la academia XXX, famosa también por tener el mismo nombre que una conocida marca de arroz. ¿Cómo puede algo relacionado con el extraordinario arte culinario ser malo? Nada. Por lo tanto, haciendo fe a mis extraordinarios poderes intuitivos, me apunte a la academia XXX con mucha ilusión y ánimo.

Mi objetivo era sacarme el carné en un mínimo de dos meses y subir a examen el menor numero de veces para no caer en la vergüenza femenina familiar junto con mi tía que se tuvo que emborrachar para pasar su examen práctico o mi prima la empollona que también le costó lo suyo, ambas saliendo con carné a la octava.

De las clases teóricas no tengo ningún comentario ya que como siempre que alguien me habla durante más de media hora sin parar, me pegaba unas siestas que te cagas.....  debían estar bien pero no es que me sirvieran de mucho. Al cabo de un par de semanas decidí seguir el famoso método universitario “estudio haciendo previos exámenes test”. Me presenté y suspendí con 14 fallos (mal método) pero a la segunda aprobé y por fin pude estar más cerca de mi sueño dorado de libertad: conducir un coche.

Mi profe histérico porque no veo ni una señal


Las clases de prácticas fueron una de las peores experiencias de mi vida. No pude empezar la prácticas hasta noviembre. Y es que había muchos pardillos que como yo se morían ganar de aprender los secretos de una buena conducción y solamente dos profes o sea que tuve que estar muchos días  haciendo la pelota a la killa de la secretaria  hasta que me dio hora . La tia esa hablaba muy rápido y decía mira, tu haces un mes de prácticas martes y jueves dos horas esto son tantas horas y ya estas lista para ir a examen en diciembre y san se acabó. Muy fácil pensé, ingenua de mí, un mes más y podré ir a la facu en el coche de mi padre (claro), y dejar el apestoso y agobiante metro.

Las clases, por suerte mía y de los demás, tenían lugar de siete a nueve de la tarde cuando ya casi no había coches en la calle. Ya desde el primer momento tuve un especial asco por mi profesor ya que tenía la manía de apretarme la rodilla y decir “Aceleeeeeera” con voz de seboso o decir “Freeeeeeeeena” con la misma voz, mientras me ponía el brazo atravesándome el pechamen, cosa que no me hacía ninguna gracia.

Cada práctica la hacíamos en Montjuic y yo lo odiaba a muerte, me sabía las calles de memoria, eso si, solo íbamos por los sitios fáciles. Después de cuatro semanas de conducir le digo que quiero subir a examen y aun no me ha enseñado a aparcar a ver que pasa. Nada, me dice hoy aparcarás.... y yo ahí toda ilusionada porque iba a aprender el mayor secreto de un buen conductor. Ya casi al final de la clase, pasamos por la calle Wellington, conocida por estar llena de travestís enseñando sus TODO y haciendo gestos obscenos a todo coche que pasa. Pues nada, que el maravilloso profe me dice que aparque justo delante de un par de travestís que había allí con sus bonitos trajes ajustados y yo le digo que ni de broma aparco allí, y el me dijo una frase que nunca olvidaré y que me repitió durante los siguientes seis meses de clase:” Tu haz tu trabajo que ellas hacen el suyo” mientras en vez de decirme si aparcaba bien o no, se comía con la mirada a los travestís que a su vez se habían acercado escandalosamente al coche. Sin comentarios.
Como se puede comprender yo, aunque sabía que no estaba completamente preparada para pasar el examen, me moría de ganas de subir y ver si podía deshacerme del profesor ya que en la academia no había sitio para hacer clases con el otro profesor disponible hasta dos meses después. O sea que la killa de la secre me dio fecha para el 24 de Diciembre, cosa que pensé me iría bien porque Dios estaría conmigo en ese día.

Dios debe saber que yo no soy muy religiosa ya que el día D fue realmente vergonzoso. Nunca olvidaré aquel soleado 24 de Diciembre en la salida de examen situada en Montjuic el lugar que yo a esas alturas dominaba mas de Barcelona, con una examinadora rubia (que por cierto se parecía a mi madre), y un camarero que se examinaba conmigo, que como era muy caballeroso me dejo ir primero. Pues nada que solo salir de la zona de encuentro no duro ni cinco minutos la examinadora me dice que pare cuando pueda que ya he suspendido y me miro de reojo sus papeles y veo unas grandes letras en rojo que ponen IMPRUDENCIA TEMERARIA  y yo tonta de mí sin saber lo que he hecho!

Después de que el camarero aprobara y yo me comiera las lagrimas durante su examen, el profesor me dice súper cabreado si no se mirar a derecha e izquierda que un poco mas y nos matan! Vaya un buen final de año que tuve


Podría continuar así durante años pero no quiero aburrir al personal. Resumiendo, que fui unas siete veces mas a examen durante los siguientes seis meses y suspendí gracias a un semáforo en rojo escondido detrás de un árbol que no vi, y por no saber aparcar las veces restantes. No os puedo decir porque conseguí el carné, yo creo que pagaron un soborno o algo ya que el día que pasé se me caló el coche un montón de veces mientras intentaba salir de donde había aparcado. 

Dedicado a Vanessa, molta sort wapi :)

Nota 1: todo parecido con la realidad es pura coincidencia.
Nota 2: este relato lo escribí hace unos 15 años :S