Monday, 23 June 2014

Proyecto Varsovia

Dedicado a MPR, espero que encuentres lo que buscas.
Miki tenía un sueño desde hacía meses y ahora estaba un poco más cerca de conseguirlo. Se sentó en la cama de su habitación en Varsovia y por enésima vez tomó su iphone y entró dentro del apartado de fotografías. Las fue pasando rápidamente hasta detenerse en su imagen favorita de Nadiia. Rubia, sonrisa carmín, ojos azules estrellados con chispa de felicidad. En la mano, un gin tonic. A su espalda, un espejo en el que se reflejaban sus cabellos rubios y lacios recogidos en una cola. Llevaba una simple camiseta azulada, a juego con sus ojos. Un conjunto simplemente bello y arrollador. Se la había tomado por sorpresa el primer día que se conocieron. Llevaba casi nueve meses en su móvil y la miraba a diario. Le encantaba el ritual de cerrar los ojos, recordar su cara y pensar que un día se encontrarían otra vez.
Solamente habían pasado cuatro días juntos, pero habían sido los mejores de su vida. Habían ido a pasear, a la playa, a conciertos de madrugada, le había mostrado sus lugares favoritos, los que hacían a Barcelona especial. Lo dio todo en esos cuatro días, nunca lo había hecho antes. Ese chico de actitud impenetrable había desaparecido con solamente una mirada y un beso de verano. Al quinto día ella volvió a Polonia con promesas de que se volverían a ver en breve pero eso nunca ocurrió. Después de llamarla mil veces y no obtener respuesta, tiró la toalla y empezó a perder la esperanza de volver a verla.
Para los que no lo sepan, en casos agudos de desamor, el corazón y el cerebro pueden unirse y crear un espacio imaginativo enorme que lleva a la gente a hacer cosas casi impensables y eso fue lo que le ocurrió a nuestro protagonista. Después de meses de vacío y tristeza, su cerebrezón tomó la iniciativa a espaldas de su consciencia, que parecía contentarse con mirar la fotografía de Nadiia a diario y morir por dentro lentamente. Lo único que sabían era que ella vivía en Varsovia. Un día, se plantó ante su jefe de redacción y le vendió una historia maravillosa para el número del día de los enamorados: durante un mes viviría en Varsovia y cada día haría una foto a una pareja enamorada en un lugar emblemático de la ciudad, así mismo recogería sus historias para el número especial.
Llevaba dos semanas en Varsovia haciendo fotografías maravillosas en lugares como el Krasinski Park, el Palacio Real y la Arkadia. La gente había resultado ser muy simpática y abierta a contar sus historias y Miki había pasado unos días fantásticos hasta que la vio a orillas del Vístula en brazos de un chico alto y rubio. Parecían felices. Se acercó a ellos, les fotografió y les pidió su historia. Nadiia le reconoció y le miró con pena, suplicándole que no dijera nada, mientras su pareja les contaba que se conocían desde la infancia y que nunca se habían separado.

El cerebrezón de Miki le hizo entrar en estado de emergencia, levantarse e irse. Una vez en el hotel, borró la fotografía de Nadiia y su pareja, la del primer día que se conocieron e inició un reset corazoniano que eliminó los cinco días que habían pasado juntos sin dejar rastro de sentimiento alguno. Dejó de sufrir y volvió a casa con un gran reportaje y sin recordar porqué había vuelto dos semanas antes de lo que tenía fijado.