Sunday, 9 February 2014

La plaza triste

Manu vivía en el décimo piso del edificio Costa. No era un lugar excepcional por su localización, pero en cuanto vio que tenía vistas relativas al mar y un balcón decente, no se lo pensó dos veces, ese era el piso que había estado buscando. Un día, mientras se fumaba un cigarrillo y reflexionaba sobre la vida sentado en su balcón, se fijó en la plaza de las Glorias, situada justo debajo de su estupendo balcón. Se le ocurrió que era como una enorme vagina olvidada y con olor triste que surgía de la nada para llevar a Barcelona a las profundidades del subsuelo y la verdad absoluta. No le dio más vueltas a su idea hasta que un día, de camino a los Encantes decidió visitar el sugerente lugar en persona.
Le pareció que era un espacio poco usado de la ciudad y bastante inhóspito. Una terrible sensación de abandono y lágrimas le llegó a las entrañas, cómo podía ser que un sitio que podía ser tan útil fuera tan infravalorado. Lentamente se sentó en un banco que había en el centro de la plaza y sin querer sus pensamientos empezaron a divagar. Había sido una semana muy dura, trabajaba como arquitecto en una gran firma, nunca tenía grandes proyectos pero iba tirando, aquél día le habían propuesto trabajar en un prototipo para una torre  que casualmente debía estar ubicada justo al lado de la susodicha plaza.
En ese momento lo vio claro, sería maravilloso que la gran solitaria vagina de las Glorias tuviera como compañía un enorme pene de su tamaño para que no estuviera triste y estuviera, como su nombre indicaba, en la gloria.
Al siguiente día fue el primero en llegar al trabajo y durante el mes siguiente casi no comió ni durmió. Solamente se dedicó a diseñar el edificio que iba a ser el salvador de la ciudad, el que haría feliz a su plaza favorita y engendraría frutos del bien para que Barcelona no se convirtiera en Gotham city II. Una vez presentó el prototipo, fue un gran éxito, tanto que hasta decidieron que por la noche le pondrían luces de colores para que pudiera verse de toda la ciudad.
Torre Agbar y Plaza Glorias, justo en el centro de la rotonda


Años más tarde, Manu aún vive en el mismo piso y tiene una vista mucho más sugerente y feliz que en el pasado. Su vida ha dado un giro de 180 grados. Desde que se construyó la torre Agbar, que la plaza  le tiene en alto aprecio y gracias a ella, que pidió a Cupido que le echara un cable, conoció a la mujer de su vida, un día mientras tomaba un café en el Starbucks del centro comercial del barrio. Ahora viven juntos y ambos desayunan en su terraza mientras miran al tándem Glorias Agbar defender la ciudad. 

PD: como siempre, todo parecido con la realidad es pura coincidencia...