Wednesday, 3 October 2012

El supositorio valiente

Por fin llega a vuestras pantallas el relato corto publicado muy amablemente por AEFLA en la revista PLIEGOS de la Rebotica. Es un tanto largo...

Dedicado a Criscod, tu ya sabes quién eres ;)


Estoy deprimido. Bueno va, no quiero ser optimista en épocas como ésta, que además estamos en crisis: estoy muy deprimido. ¿Por qué?, os preguntaréis mis queridos lectores. Supongo que en una vida pasada fui una mala persona. Hice un montón de marranadas a gente. Debía de ser señor feudal, o aún peor: pirata. Sí, en otra vida fui pirata, uno de esos que va por ahí saqueando barcos, tomando a mujeres contra su voluntad y destruyendo puertos a diestro y siniestro. Si me imagino así, tan valiente y luchador, se me pasa un poco la depresión. Me gusta. Fui tan temido y cometí tantas maldades que después de pasar a mejor vida y luego reencarnarme en cucaracha, rata y puercoespín, aún no he saldado mis deudas con el karma y ahora me ha tocado lo peor de lo peor: ser supositorio. No os riáis no, no es de risa, mejor que lloréis que aún no lo habéis oído todo.
Nacido en el lote P250-HN97, con exactamente 2g de peso, rodeado de mis hermanos gemelos de glicerina, no recuerdo nada de mi infancia hasta el momento en que llegué a la farmacia, que sería mi hogar hasta casi mi fecha de caducidad. Las primeras palabras las escuché en boca del farmacéutico titular a sus trabajadoras: “A vender estos supositorios, que acabo de comprar un lote grande”. Nos pusieron en un lugar preferente de la farmacia, a la vista de todos, pero nadie nos quería. Creo que notaban que éramos un cero a la izquierda y no nos compraban. Con el tiempo quedamos relegados a estar detrás de los chupetes, con suficiente visibilidad para observar el día a día, y al mismo tiempo pasar silenciosamente desapercibidos.
Para que entendáis la magnitud de la tragedia que me ha tocado vivir, tengo que daros un poco de background, una técnica que ahora está muy de moda. Y es que dentro del mundo del medicamento, al que pertenezco, existen cuatro clases sociales. Primero, y situados arriba de todo de la pirámide de poder, encontramos los medicamentos de última generación a los que pertenecen inyectables, cápsulas recubiertas o  implantes intraoculares. No se mezclan con nadie, siempre dentro de sus cajas de diseño, son carísimos y usados solo en enfermedades impronunciables. Todos ellos unos pijos con los que me niego a hablar. Luego tenemos  inhaladores, comprimidos, cápsulas, suspensiones y soluciones de toda la vida. Parecen campechanos pero no me fío de ellos ni un pelo, nunca se sabe si te van a  dar por la espalda. Lo mismo con los terceros,  cremas y  linimentos, a éstos no se acerca nadie, que huelen. Finalmente, por debajo de todos, estamos los olvidados supositorios, sin ningún amigo que nos comprenda.
Aquí no se acaba el tema, que es más complicado que aprenderse la ley del medicamento en ruso, ya que durante los últimos años ha entrado un nuevo concepto que ha añadido otro nivel de complejidad: el genérico. Por tanto, cada clase está dividida en dos: los que son de marca (se creen muy superiores) y los que son genéricos (una especie de quiero y no puedo). Os daré un ejemplo ilustrativo: un comprimido recubierto de marca siempre se sentirá superior a un comprimido recubierto genérico, pero un comprimido recubierto genérico siempre tratará mal a un linimento aunque éste sea de marca.
Además, estas diferencias los pacientes las notan, seguro. Tantos años olvidado en una estantería de la farmacia han hecho que vea muchas cosas. Los clientes, en cuanto entran en una farmacia, si ven que les toca un genérico se les saltan/agrandan los ojos y empiezan a tartamudear, no falla. Pero bueno, con la excusa de la crisis cuela todo menos nosotros los supositorios, claro, ¡con lo baratos que somos!
Como veo que estáis siguiendo bien la explicación, añadiré un nivel de complejidad dentro de mi clase social. Entre los supositorios también existe otra diferencia social. Está relacionada con el tipo de fármaco que tenemos incorporado. No es lo mismo ser un supositorio de oxicodona (ser opioide te sube el caché) como ser un supositorio de paracetamol (un analgésico de pacotilla) o ser como yo: un simple supositorio de glicerina que además es genérico. En resumen: un perdedor, el eslabón más bajo de la cadena medicinal.
El día a día en la farmacia era de lo más rutinario. Normalmente había dos farmacéuticas por la mañana y dos por la tarde, el jefe solamente aparecía algunas tardes a mantener el orden. Estábamos hartos de que las cajas de inyectables se rieran de nosotros cada vez que les recortaban el código de barras y las envolvían en suave papel de seda para ir a cumplir su cometido. No podía soportar que hasta los potitos nos dijeran: “Adiós, nos veremos en el intestino grueso”. A mí me gustaba una de las farmacéuticas, de constitución pequeña, pelo largo y ondulado, un poco tímida. Con el tiempo descubrí que se llamaba Tina. Era muy cariñosa con sus clientes, siempre les daba buenos consejos. Enseguida noté que le gustaba su trabajo, pero tenía un destello triste en sus ojos que me hacía intuir que no era totalmente feliz.
La leyenda urbana decía que, con un poco de concentración, los supositorios de glicerina podían sufrir un proceso de morfocapsulización, pero tenía que comprobarlo por mí mismo. El 27 de marzo fue un día de desesperación en el que decidí que las cosas tenían que cambiar. Enseguida lo supe: quería convertirme en cápsula. Aun diría más, quería ser una cápsula de marca, un antigripal de aquellos que todo el mundo compraba continuamente. Además, quería cambiar mi karma y decir adiós al sufrimiento de pensar lo que me esperaba en mi próxima vida; aquí se acabaría el espiral del mal en el que estaba metido. Y la única manera era haciendo el bien, cosa muy difícil si seguía siendo un supositorio genérico de glicerina. Una vez tuve mis objetivos claros el universo se puso a mi favor.
Ya me había fijado en que Tina miraba a Jorge, el chico que traía los pedidos, con ojillos acorazonados. Y no me extraña, ya que tenía el cuerpo tan perfecto como si de un medicamento de marca se tratara. Además, detrás de su hermosa sonrisa se escondía un gran corazón que hacía tiempo tenía la aorta puesta en Tina, pero casi nunca se hablaban. Entre Tina, que se limitaba a mirarle y soñar que un día él le declararía su amor y se casarían y tendrían hijos juntos pero que en el momento de la verdad nunca se atrevía a ir más allá de los buenos días, y Jorge, que la miraba y pensaba que una mujer tan hermosa nunca se fijaría en él, esto era un nunca empezar. Entre los dos, me subían la liposolubilidad por los aires.
El día L, que me gusta recordar como el día de mi liberación, Tina tenía que revisar que no hubiera medicamentos caducados. Como Tina era una buenaza, le tocaban las peores faenas de la farmacia. En esas que nos encontró olvidados y cubiertos de polvo detrás de los chupetes, a un mes de estirar la pata. Nos sacó de la caja para evitar que nos vendieran, nos dejó sobre la mesa donde recibían el pedido, y con el ajetreo de la mañana se olvidó de nosotros. Llegó el pedido y nos pusieron al lado de una bonita caja de cápsulas antigripales de marca.
Berta, una de las farmacéuticas más bulliciosas de la farmacia que tendía a hablar demasiado y trabajar poco, casualmente ese día no se encontraba bien. Corría una epidemia de gripe y la mañana anterior un cliente le había tosido en la cara para ayudar a que ésta decidiera el mejor tipo de jarabe a recomendarle. Seguramente el virus la había contagiado, ya que Berta notaba cómo la gripe empezaba a invadir su cuerpo poco a poco. Se sentó en una silla un poco mareada, abrió la caja de cápsulas de antigripales de marca que había a nuestro lado y sacó una de ellas del envoltorio. Aburrida, se dedicó a jugar con nosotros, los olvidados supositorios. Tomó a uno de mis hermanos y lo destruyó con sus propias manos ante nuestras asustadas cabezas. Luego decidió que desharía a otro de nosotros con ayuda de su mechero, y me tomó a mí. Era mi hora, lo sentía. Iba a morir sin haber tenido tiempo de hacer el bien.
Empecé a ponerme nervioso, y noté cómo empezaba a deshacerme sin ayuda del fuego. Pero el karma estaba de mi parte y Tina me salvó. Se dio cuenta de que Berta se estaba escaqueando otra vez y la llamó al mostrador. Berta me dejó en la mesa junto a la cápsula y, con cara de mal humor, se dirigió a atender clientes. Pensé que el karma me estaba brindando una oportunidad única. Si quería cumplir con mi sueño dorado era ahora o nunca. Imaginé con todas mis fuerzas que me deshacía y que me unía de forma irreversible a la cápsula que tenía al lado gracias a la bendita glicerina que tenía en mí.

Imagen 1. Supositorio sufriendo un proceso de morfocapsulización. Gracias a Ricardo Vicente Hernández por donar su dibujo a la ciencia farmacéutica.


El milagro ocurrió. Un momento era supositorio, al siguiente era una delgada capa de glicerina deshecha y al otro era parte de la cápsula pija de mi lado. Muy a su pesar, la morfocapsulización había funcionado con éxito. No cabía en mí de gozo. ”Espera a que me vean mis hermanos”, pensé con orgullo. A este paso, esto era el fin de nuestra casta, estaba seguro.
Lo que pasó a continuación fue bastante inesperado. Jorge entró con el pedido, lo dejó en la mesa y como tampoco se encontraba muy bien, me vio y me reconoció como antigripal. Ni corto ni perezoso me puso entre sus labios, y se me zampó. Así de simple, no tomó ni un poquito de agua.
“Qué corta fue mi vida como cápsula --pensé una vez en su torrente sanguíneo--. ¡Y no he tenido tiempo de hacer el bien! Pero espera… podría…” Se me ocurrió tan rápido que no tuve tiempo casi de reaccionar.
Una vez pasé la barrera hematoencefálica supe perfectamente mi cometido. Fui hasta el área del pensamiento y por unos segundos tomé control de la mente de Jorge. Me acerqué a Tina, medio tambaleándome al principio, luego con paso seguro. La tomé entre mis brazos. La besé. Le dije que era la mujer de mi vida. Ella nos miró un poco espantada al principio, pero luego decidió que ya llevaba demasiados años pensándose demasiado las cosas. Por una vez improvisó y decidió ser feliz.
Segundos antes de ser metabolizado pienso: “Ya he hecho el bien. ¿Qué me deparará el karma?”

7 comments:

  1. Fantástico relato Sra. Mia, el pobre supositorio de paracetamol que queria ser algo más.

    La FEFLA (Federacion Española Farmaceuticos Libidinosos Apodícticos) tiene que estar muy contenta con una escritora de su talla.

    Me he reido mucho con este corto-relato.

    Solo se me ocurre :
    Que todos somos supositorios de paracetamol. :->

    Saludos y un abrazo muy grande,
    SBP

    *NOTA*: que suerte la tal Criscod de que le hayan dedicado este relato.

    *NOTA2*: como siempre al final le ha faltado un poquito de alegria... digase un poquito de sexo final. ;-> (picaruelo que es uno).

    *NOTA3*: No se enfade Sra. Mia, fantástico relato.

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  2. Que no...que es un supositorio de glicerina!Por eso está depre, porque sirve para que la gente cague!!! Y de sexo nada eh, quee s un relato para una revista seria Sr. SBP, pero no me enfado, puede que algun día se sepan las aventuras del supositorio valiente!

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    1. Una revista muy seria que habla de supositorios.

      Excelente Smithers, ecelente!!

      Un abrazo Sra. Mia. ;->

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  3. Espero que el karma le depare algo de su agrado al valeroso supositorio, creo que se lo merece, al fin y al cabo, puede que Tina y Jorge tuvieran un final feliz o ...un buen principio (según como se mire) Quizá si le lloramos un poco a la Srta. Mia, nos lo cuente en una pre-cuela: la resurrección del supositorio valiente y la vida de tina y Jorge! buff, el titulo no mata, Mia, seguro que tu lo haces mejor..
    PD. Sr SBP: no puede haber sexo al final de la historia, lo más probable es que el pobre Jorge acabara cagándose en los calzones después del beso... es lo que tienen los "anti gripales de glicerina" :>
    Enhorabuena por la publicación Mia! Este año ya van dos incursiones entre las grandes masas!

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  4. Nerea, me ha encantado el cuento y el mensaje que hay detrás. FELICIDADES! tu amiga Rosa :D

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  5. Felicitats guapa. Molt orgullosa de ser la teva sister.

    Petons i repetons.

    PBC

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  6. Amalasunta, cuanta razón tiene, me imagino perfectamente a Jorge teniendo un buen ataque de diarrea jijiji viva los antigripales de glicerina.
    Rosa, me alegro que te encantara el cuento ;) es una historia real eh!
    PBC, jo tb molt orgullosa de ser la teva sister xx

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